Los martes y jueves tengo una hora de espera mientras mi vástago realiza una actividad deportiva.
En ese tiempo yo aprovecho para correr y así mantenerme en forma.
Cada día pasaba por delante de esta vidriera dos veces, pero nunca me detuve a ver qué había adentro.
Desde afuera, sólo veía al felino que me hipnotizaba con su mirada.
Un día cualquiera y porque la curiosidad mató al gato, no sólo me detuve sino que además me atreví a entrar.
Mi primera impresión fue la de estar en algún tipo de negocio de decoración.
Confieso que me demoré un rato en darme cuenta de que era una peluquería!
Su dueño te atiende como si te conociera de toda la vida. Y te coloca unas toallas de hilo con flecos que son una delicia.
Con un café y unos buñuelos de los que él hace (su limpiadora se comió uno), hubiera estado en la gloria.
Salí complacida con un corte de pelo cómodo y habiendo conocido un lugar diferente.
Queda en la calle Rawson al 2400 en La Lucila.








































